Hoy escribo porque estoy motivada, y Èrik está dormido y tengo tiempo, sino imposible. Hoy os hablo de una de las recompensas de la maternidad que para mí, son de las mayores y más satisfactorias.
La maternidad con dos bebés es muy dura, yo no creía que fuera tan dura, la gente me lo decía, que los primeros meses iban a ser complicados y tal, y sí, son duros, muy duros. Pero hoy con la reflexión que me ha venido a la cabeza, os escribo que:
Tengo la casa sin hacer, los pelos despeinados de hacer algo y dejarlo a medias y atender a mi hijo, la cara hecha un cromo, el cansancio que lo llevo arrastrando desde que dí a luz a Carlos, mi primer hijo, pero y la satisfacción de cuando mi hijo (cualquiera de los dos, eh?) se duerme en mis brazos, de verdad, es la mayor recompensa que una madre puede tener a pesar de todo lo mal que se pasa y los ratos de agobio, el sentir cómo tu hijo te abraza, se deja caer en peso para dormirse en tus brazos es...MARAVILLOSO, hoy lo he dormido así 3 veces, y esas tres veces lo he disfrutado igual...aquí tenéis mi cara para demostrároslo:
Da igual el cansancio que llevo, las miles de cosas que me quedan por hacer, esto, mamis del mundo, esto es lo mejor, lo más bonito, notar cómo confían en ti plenamente para dormirse ahí, es indescriptible la sensación, a mí, me llena, de verdad.
Os repito, que mi casa está hecha un desastre, mi físico igual que mi casa pero mi felicidad es esta. Sentir su respiración al lado de mi cara y su carita de máxima tranquilidad durmiendo me hace totalmente feliz y hace que se me olvide todo. Ojalá pudiera parar el tiempo. Es puro amor.
Os amo, hijitos de mi alma. SOIS LA RAZÓN DE MI VIDA.
