domingo, 28 de junio de 2015

Mi experiencia en el parto

Hola, a todas:

Hace mucho que no escribo. Carlos nació el 13 de abril y parece mentira como pasa el tiempo.

Bueno, por dónde empezar...mi experiencia en el parto fue de todo menos bonita...hace dos meses y medio y aún cuando me acuerdo, que me acuerdo todos los días, se me llenan los ojos de lágrimas.

Todo empezó ese 13 de abril a las 5 de la mañana, con contracciones suaves pero regulares, y supe desde la primera que sentí que era el momento, me levanté de la cama y me fui al comedor a acostarme en el sofá con el reloj enfrente para controlar cada cuanto me venían, cada ocho-diez minutos las sentía y al pasar las horas, sobre las 8 de la mañana empezaron a apretar y el tiempo a acortar, cada seis minutos.

Desperté a mi marido, con calma tanto para él como para mí y le dije que teníamos que irnos, yo estaba en ese momento tranquila, porque no me dolían mucho e intentaba controlar la situación, hice el desayuno, aunque sólo pude tomarme un café con leche, me vestí tranquilamente pero cada vez que me venía una contracción tenía que parar y respirar muy hondo.

A las diez de la mañana salimos de mi casa con todo preparado en el coche, maleta, carpeta con mi papeleo de embarazada y Plan de Parto, mi balón por si me hiciera falta en el hospital...Llegamos sobre las diez y poco y esperé en Urgencias a que me llamaran, me llamaron al ratito y me llevaron a monitores para hacerme un tacto y monitorizarme.

La matrona que me asignaron fue maravillosa, Cristina, pero no sé su apellido, jovencita, rubita con mechas y coleta pequeña en mitad de la cabeza, con voz muy suave y dulce, me lo explicaba todo muy bien. Antes de ponerme en monitores me hicieron un tacto vaginal, estaba la ginecóloga de turno pero también estudiantes en prácticas, esta vez fue la gine de turno la que me lo hizo y sólo estaba de dos centímetros, me hizo bastante daño y no me dio ánimos para nada, salí de esa sala y me monitorizaron. Entonces fue Cristina, la matrona, la que me lo puso todo y me estuvo vigilando. Tenía contracciones cada cinco minutos, yo sabía que ese día iba a parir, me lo decía el cuerpo pero al rato, la ginecóloga me dijo que no estaba para ingresar y que esperase fuera, en la sala de espera, que ahí estaba mi marido.

Me fui desolada a sentarme con mi marido, le expliqué lo que me dijeron y nos pusimos a esperar, yo no podía con mi alma, las contracciones apretaban y me venían cada tres minutos, no era normal estar ahí sin atención médica, me ponía de pie y cuando me venían me ponía a gritar y a respirar muy hondo, me sentaba y al parar me quedaba dormida, me venía, decía mi expresión de ese día que fue: "AAAAAAAAAAH", se iba, me dormía...a la media hora, cuarenta minutos más o menos me volvieron a llamar para valorarme de nuevo, el segundo tacto me lo hizo un chico en prácticas, no me gustó al principio pero me lo hizo todo genial, el trato, me lo explicó todo muy bien, me preguntaba cómo estaba, me hizo el tacto con muchísimo cuidado y se lo dije que no me dolió nada, me lo hizo con sumo cuidado y hasta me comentó que si me hacía daño se lo dijese, un cielo, vamos. Me comentó que estaba de tres centímetros y que había sentido la cabecita de mi pequeño, que hoy iba a parir (sí, yo lo sabía ya), que estuviera tranquila, iban a ingresarme.

¡Bien! Salí aliviada por la noticia a la sala de espera a decírselo a mi marido y a esperar que me trajeran la silla de ruedas, iban a trasladarme a planta para dilatar, porque aún estaba de muy poco, que no lo entendí, ¿por qué a planta? con todas las habitaciones llenas de mujeres con sus bebés y acompañantes y visitas y yo ahí muriéndome del dolor! no lo entendí y nadie, ni mi marido ni mi familia, y sé, porque lo escuché, que sólo hubo un parto por la mañana y fue cesárea y seguro que tenían las salas de dilatación vacías, y son eso, no? salas de dilatación, pues aún no entiendo porque me mandaron a planta a dilatar.

Bueno, pues en la habitación que me tocó estuve dos horas más o menos, dilatando y expresando mi grado de contracción con el AAAAAAAH!, en la cama de al lado la chica que dio a luz por cesárea hacía unas horas, con sus familiares y amigos, imaginad el panorama, toda la visita por allí y yo gritando...si es que.... Al rato, la matrona que había en esa planta me puso en monitores, estuve con ella una media hora-tres cuartos de hora más o menos y me explicó con mala gana que no estaba respirando bien y que lo hiciese así y asao...Ya sabía de sobra cómo debía respirar y mi grito de guerra cual era, muchas clases de yoga y gimnasia para embarazadas llevaba ya, y lo que más hacíamos en esas clases era cómo respirar y quitarnos el miedo y la vergüenza a expresar nuestro grito. No me hizo mucha gracia su trato, y me dio la sensación de que mis AAAAHS! no le gustaban mucho, pero me dio igual, estaba dilatando, jolín!.

Me dijo que aún estaba de poco, 3 cm. y que me volviese a la habitación, desconsolada, volví y esperé con mis gritos y mis ganas de parir ya. Al tiempo, no recuerdo si fue a las 3 de la tarde, más o menos, me dijeron que me bajaban a la sala de dilatación, ¡menos mal!, y allí estuve atendida de nuevo por Cristina, esa matrona jovencita encantadora y que más quisieran muchas y muchos ser como ella, qué bien me trató, con que cariño y atención, fue estupenda, recordar a esa enfermera en mis peores ratos me hace sonreír y pienso que gracias a ella fueron un poquito mejor y no tan amargos. Mi marido estaba allí pero el pobre no podía hacer mucho, me animaba, me daba cariño pero a la hora de la contracción no valía ninguna compañía, solo tu fuerza y esperar que pasara lo antes posible.

Cristina me hizo varios tactos y a la tarde, a esos de las 4 me dijo que ya estaba de 4 centímetros, me preguntó si quería la epidural, desde todo mi embarazo no quería pero ya en ese momento, con las contracciones tan fuertes que me venían, que aún estaba poco dilatada, que ya llevaba doce horas dilatando, que no había dormido nada, no podía más, estaba exhausta, así que acepté y me pusieron la epidural.

Fue la mejor opción  para todo el dolor que sentía y las piernas las podía mover, no me sentía dormida ni nada, de cintura para  abajo notaba que estaba ahí, se me cambió la cara y todo. Fue muy bueno. Me pusieron oxitocina y a las 7 de la tarde estaba totalmente dilatada, para mi gran alivio, me alegré un montón.

En esas horas de dilatación esperando el momento, no me gustó nada que me hicieran tantos tactos vaginales, ya no recuerdo cuántos, pero Cristina me hizo unos, otra enfermera otros, las ginecólogas otros muchos, por Diós! hace falta tantos?. Mi marido le comentó a la matrona que habíamos entregado Plan de Parto pero nadie nos hizo caso, teníamos que haber insistido? puede ser, pero sería el cansancio, las ganas de que se acabara ya, la no experiencia, el ser primeriza, no sé pero en ese Plan ponía exactamente eso, los menos tactos vaginales, mi posición para parir, nada de estudiantes en prácticas...y nada de lo que puse se cumplió.

Me hicieron cientos de tactos, me puse la epidural, me quedé acostada boca arriba para parir, no paraban de entrar y salir sanitarios, estudiantes...un caos...

Llegó la hora de parir y al principio me puse de lado, que era una postura que me gustaba, pero mis pujes no daban fruto, las matronas no paraban de decirme que empujara, lo hacía pero no descendía mi bebé, claro con la epidural, las ganas de empujar no las sentí. Yo hacía lo que me decían las matronas.

Después me colocaron boca arriba e hicieron unos tocamientos en mi barriga, y supe que iban a empujar a mi bebé. Vino la ginecóloga con otra en prácticas o interina, no sé, era rusa o polaca, y ya la matrona pasó a segundo plano, que no entiendo por qué, ya no pintaba nada, y se supone que es la que tiene que estar en todo momento a la hora de parir, pues se quedó como simple enfermera observando,me dio mucha pena. La gine se sentó enfrente de mí, cogió las tijeras, y mi marido nada más verlo le dijo que no queríamos episiotomía, nos tranquilizaron diciendo que iba a ser pequeña la incisión y confiamos en ello, me pegó el tajo, cogió la ventosa y la otra gine empujó fuerte mi panza hacia abajo, me entristeció mucho ver esa situación, me sentí impotente, no supe que hacer, sólo quería que acabase todo ya y tener a mi crío en mis brazos. A los segundos vi como la ginecóloga polaca o rusa estaba con las manos dentro de mí y fue sacando a Carlitos, el pobre nació con apretones desde mi panza por un médico y con ventosa por abajo, no hizo su trabajito, que era descender por sí solo y con mi ayuda, esto es lo que más me entristece de ese día, cómo nació mi hijo, me culpo por no haber estado en mi lugar y decir claramente lo que quería, haber sido más protagonista de mi parto, no haber sido tan intervenida médicamente, me culpo por no haber tenido más fuerza para hablar y decir lo que quería y que me respetasen, me culpo por "haberme dejado hacer".

Me pusieron a mi hijo inmediatamente encima mio, piel con piel, algo bueno después de todo y allí estuvo hasta la subida a planta, no me lo quité ni un segundo. Le dí muchos besos y no le quité ojo, mientras, la gine me cosió, al final, me hizo episiotomía de tercer grado, ¡toma ya!, y se me desgarró el ano de tanto empujar, cosa normal imagino, pero no de tercer grado el tajo que me metió, esto me asustó mucho y no fue para menos, el post parto sólo yo sé lo que he pasado y cómo.

Pues nada, hasta aquí mi experiencia, nada grata como leéis, el post parto en otro momento os lo cuento.

Gracias por leerme. Os dejo foto de cuando llegué a mi habitación con mi niño.